viernes, 26 de agosto de 2016

LLOVÍA EL DÍA EN QUE ME DEJASTE










 


 
LLOVÍA EL DÍA EN QUE ME DEJASTE


Llovía el día en que me dejaste.
La gente estaba afuera, en las calles, bebiendo
y jugando, usando pelucas y sombreros ridículos,
robando conos de tránsito y vandalizando los
autos de otras personas. Todos los limpiaparabrisas
de los autos de mi calle estaban rotos y apuntando
hacia arriba. Francia iba a jugar contra
Gales más tarde ese día.

Llovía la tarde en que me dejaste.
Estaba en la cama sangrándote en pedazos
Pidiéndote que te quedaras un minuto más
Pidiéndote que volvieras
En otro día
En otro año
En otro tiempo que te acomodara más.

Había un gorrión en el árbol afuera de
mi ventana, gorjeando, y el viento soplaba
pétalos rosas sobre todo el césped. Vi a Gretchen
afuera, en el jardín, cantando a sus guisantes.

Te he hablado todos los días, te he llevado tan
cerca de mí. He imaginado que tendrías
los verdes ojos de tu padre, mi cabello oscuro, y
toda nuestra excesiva creatividad, pero naturalmente
sin nuestras temerarias cualidades que te habrían
hecho un niño fastidioso de criar.
Incluso te he hablado de cosas inconsecuentes
Comerías tus vegetales o prefieres
McDonalds como tu madre
Me disculpé contigo por nuestra dieta imparable de Cajitas
Felices mezcladas con cafeína y pays cubiertos de papas fritas
Me he preguntado si te gustaría más la vegemite o la marmite[1]
Si tendrías un amigo imaginario

Pero en este día
Me acurruco, sosteniendo la sangre coagulada
que queda de ti, y digo―
Por favor vuelve
Siento incluso haber dicho que no te quería
Que deseé por un segundo que no estuvieras ahí
Por favor vuelve a mí
 
La ambulancia vino y por un momento me desmayé
y cuando regresé, Kayla estaba ahí.
Me trajo un libro de poesía femenina
y angustiada, la biografía de Slash (para recordarme
porqué es una mala idea salir con músicos), una manta
rosa con corazones, una manzana, un plátano,
una revista banal, un paquete de Grainwaves y
galletas de jengibre. Siempre es buena idea llamar
a una madre cuando tienes una emergencia.

Después de un largo rato el día terminó. El sol
se ocultó. Eventualmente salió de nuevo. Hay
tantas aves llamando, temprano en la mañana, y
el sol en mi rostro se siente como una bendición.
Mucho después en ese día, caminé hacia la playa y
vi que la marea se acercaba. Me recosté en la playa
y enterré mis dedos en la rasposa arena, y
pensé en todas las maneras en las cuales algo que
nunca quisiste puede dejar el más grande
vacío cuando te abandona, y ojalá
pudiese decir que la visión del mar llenando
la playa alivió algo de ese vacío, pero
todo lo que hizo fue recordarme que cada día, la
marea entra, solo para irse de nuevo.




Kiri Piahana-Wong- Nueva Zelanda
Traducción: Andrea Rivas




[1] Tanto vegemite como marmite son pastas para untar, provenientes de la extracción de la levadura.




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Kiri Piahana-Wong, poeta originaria de Nueva Zelanda con ascendencia maorí, china e inglesa. Su primera colección Night swimming fue publicada en 2013 por Anahera Press. Kiri también es editora y poeta. Vive en una pequeña casa en medio de millas de campos en el noroeste de Auckland, la ciudad más grande de Nueva Zelanda.




Imagen: Retrato de Kiri Piahana-Wong




Fuentes de Documentación