viernes, 20 de junio de 2014

ABUELO




ABUELO




Los abuelos no pertenecen
al mundo del olvido

Mi abuelo Olegario
con su cabello blanco
está distante en la memoria

Disciplinado en cosas sencillas
hacía ejercicios simples diariamente

Comía avena en la mañana
escuchaba Martín Valiente a mediodía
iba a la carpintería

“Vente mi niña para que te llueva madera”

Y allí
debajo de la mesa de lijar
y su inmensa fresadora
que asombraba los ojos infantiles
hacía bucles de aserrín

El abuelo perdura en el tiempo
y en el corazón

Los cuentos de los abuelos
-sus trabajos maduran
cuando crecemos

Me pregunto la extraña razón
de tener un noble abuelo
con cabellos blanquísimos
y delgada elegancia

Risa pulcra al son de los niños

Ternura como aroma
que se esconde
bajos las piedras después de la noche

Colocaba discos de acetato
en el viejo tocadiscos
y en el círculo trazado por la aguja
escuchaba atentamente las canciones
que describían su vida y sus sueños
En la cama de madera
fabricada por sus manos
lo escuchaba relatar
historias de compositores
muertos de amor o de exilio 

Me miro en el espejo de la peinadora
aún me pongo labiales carmín
-aunque ya no son los de mi abuela-

Lo miro observando en el espejo
la pequeña niña morena que fui

Olores de infancia
permanecen en la memoria

Figuras largas blancas
se van desfigurando
en la ventana del cuarto
iluminado de abuelos
en la casa de San José de Ávila

La madera nunca pierde su olor

La lija siempre llueve madera
aunque ya no cae en la cabeza

La música eterna de boleros tangos danzones
gira por la infinita luz del día

Un juego de beisbol
una pelota Spalding con la firma de Aparicio
rueda aún
por algún rincón de la casa vieja
-hoy reconstruida en otros rumbos-

Veo a mi abuelo
descansando debajo de un samán
más anciano que él mismo

Olegario Chicote
ponía las manos en la sierra
y su cuarto de trabajo
era habitado por formones 


Clavos pequeños
que penetraban las tallas
con ayuda de un martillo
que parecía de juguete


El abuelo
tenía corazón y manos
llenas de mariposas
o caramelos




Ingrid Chicote- Venezuela
Del poemario "La ruta de los ancestros"


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Ingrid Coromoto Chicote Araujo. Caracas, 1965. Terapeuta y docente. Facilitadora del taller "Tu historia es la historia de Venezuela" de Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Ganadora de las bienales nacionales de Poesía Cruz Salmerón Acosta (2010) y Argimiro Gabaldón (2012). Mención de Honor en el VII Concurso Nacional de Poesía Ismaeliana. Curití, Colombia (2011). Ha recibido reconocimientos por su labor escritural y comunitaria de diferentes instituciones y participado en diversos eventos literarios nacionales e internacionales. Su obra ha sido publicada en medios impresos y digitales Libros publicados Piedras Concentradas (1997), La Ruta de los Ancestros (2011), Huelga de palabras (2012) y Noche de Pelambre (2013). La mayor parte de su obra aún se encuentra inédita.