miércoles, 9 de abril de 2014

ALGUNA VEZ EL CANTO SE ALZABA



ALGUNA VEZ EL CANTO SE ALZABA 


Alguna vez el canto se alzaba
como dulces sirenas sobre las colinas,
y aun si trabajabas
tus árboles o tus libros
o cocinabas para tu familia
algo simple,
te lavabas las manos
y te peinabas el agua del pelo.
Montañas de arroz, zapatos brillantes,
un huracán de danzas.
Los niños con trajecitos
y vestidos de terciopelo caían dormidos en círculos
después de comerse 47 almendras de Jordania.
¿Quién se casa? ¿Quién ha regresado
de un lugar distante más allá del mar?
A veces ni te enterabas.
Comiste todos los alimentos sin saber.
Besabas las mejillas de quien pasara
abofeteando el tambor, enrojeciéndote la palma.
Más tarde
llena, enriquecida,
tenías una fiesta en la piel.
¿Dónde es que la pelea
se introduce en esta historia?
La lucha se extravió en alguna par lo que nos gusta: comer, beber, pelear.
Los estudiantes se congregan silenciosamente
en el salón de clases
y la puerta del edificio
es arrancada por una explosión.
Pupitres vacíos
donde la risa solía sentarse.
Aquí vivía la risa
tintineando su monedero de morralla fina
y ahora se esconde.
Ya no llegará al zaguán como un vendedor de jabones,
el buhonero de las cerillas, el viejo italiano
de la fábrica de Nablus
con su mágico saco de palillos.
Nos han dicho que no estamos
cuando siempre estuvimos aquí.
Su goma de borrar no funciona.
Mira las fotos coloreadas a mano
de jóvenes demasiado perfectos e inmóviles.
Las bombas parten por la mitad
las frases de todo mundo.
¿Quién las hizo? ¿Conoce alguien
que las fabrique? El viejo taxista
menea la cabeza
yendo y viniendo entre Jerusalén y Jericó.
Ellos no verán, dice con lentitud,
la historia detrás de la historia,
siempre buscan la historia después de la historia
lo que significa que nunca comprenderán la historia.
Así que esto seguirá y seguirá.
¿Cómo lo soportamos, si sigue y sigue?
Ha durado demasiado.
Nadie recibe ya ni una pequeña postal
del lejano lugar más allá de los mares.
Nadie en la noche oye venir a los soldados
para arrancar de su tibio sueño al olivo.
Rasgar raíces. No es noticia de primera plana
en tu país ni en el mío.
Nadie escucha el imperceptible sollozo
del terciopelo en el cajón del ropero.





Naomi Shihab Nye- Palestina
Del poemario "Combustible"


Fotografía: Retrato de la autora, Naomi Shihab

______________________________________

Naomi Shihab Nye

Palestina 1952

Poeta, narradora y compositora palestina-estadunidense nacida Sant Louis (Missouri). Hija del escritor Aziz Shihab, que emigró a Estados Unidos en 1948, expulsado de su tierra al crearse Israel, es autora de varios libros de poesía y ensayo, entre ellos su novela para jóvenes Habibi, en parte autobiográfica. Esta relata la experiencia de una muchacha árabe-estadunidense que se instala en Jerusalén en los años setenta para cursar secundaria y preparatoria. De su poesía destacan, Combustible (1998), 19 Varieties of Gazelle: Poems of the Middle East, A Maze Me, Red Suitcase y Field Trip. Ha escrito además la polémica “Carta abierta a cualquier aspirante a terrorista”, en la que empieza por reconocer que detesta la palabra “terrorista” pero la emplea para atraer la atención de los lectores que busca, a quienes aconseja no matar, sino leer a Rumi, el poeta sufí.


Fuentes de Documentación






4 comentarios:

Vuelo de noche dijo...

bellísimo poema que da cuenta de un modo sutil de una realidad que quema y duele, de solo pensarla, imagino cómo puede ser vivirla en el día a día. Me llevo el poema para trabajarlo en mi taller de escritura. Gracias Ana, por compartir esta joya y tantas otras. con un abrazo, Marta Ortiz

Julie Sopetrán dijo...

Hermosísimo poema, lo he leído varias veces y cada vez que lo leo me gusta más... Gracias Ana. Un abrazo.

Ronald Bonilla Carvjal dijo...

Muy bello poema, duele que a veces las cosas se transformen para el mal, pero vendrá un día/ en que quepamos todos/para el viaje...
parafraseando a la poeta Julieta Dobles...abrazos

Ana Muela Sopeña dijo...

Vuelo de noche, Julie, Ronald...a mí me parece un poema sensacional.

Terrible realidad la que muestra, eso sí...

Un abrazo
Ana