domingo, 26 de enero de 2014

BUSCANDO A MI FAMILIA


BUSCANDO A MI FAMILIA


“Buen amigo, por favor ayúdame.
¿Cuando vivías en Kataka
no habrás visto a dos niños?
Uno de ellos de piel oscura, regordete.
El otro de tez más clara y ojos negros.
¿Mi buen amigo,
no los habrás visto cuando vivías en Ganta?
Uno tendría alrededor de diez años
el otro, aproximadamente esta altura.
Mi hijo mayor, Nyema, el menor Doeteh.
¿Mi buen amigo podrías decirme
si se dirigieron a Tapeta?
¿Les entregaron fusiles, habrán matado?
¿Mi buen amigo, podrías decirme
si caminaron hacia Bassa?
¿Habrán muerto de hambre?
¿Mi buen amigo, podrías informarme
si a su lado caminaba una madre?
¿Estaba ella en buena salud, recibió buen trato?
¿Ah, entonces, mi buen amigo, fue allí
donde los obligaron a salirse de la columna?
¿Buen amigo tenían hambre
cuando se enfrentaron a su fin?
Ahora, mi buen amigo podré seguir sus pasos
y envolver sus huesos.
Gracias, mi buen amigo.
¿Pero cómo haré para reconocer sus huesos?”


Patricia Jabbeh Wesley- Liberia

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Patricia Jabbeh Wesley nació en Maryland County, Liberia, el 7 de agosto de 1955. Poeta, ensayista, editora, profesora universitaria y activista política que ha centrado su atención sobre la situación de los refugiados de guerra en su país. En 1990, con el estallido de la guerra civil, tuvo que abandonar su hogar junto a su esposo e hijos y trasladarse a territorio controlado por el comandante del Frente Nacional Patriótico de Liberia, Charles Taylor. En esos meses pudo testimoniar la muerte y la destrucción producida por la guerra. Habiendo perdido en la contienda a muchos integrantes de su familia y gran parte de sus posesiones, decidió emigrar a Norteamérica. Allí se dedicó, a través de lecturas de poesías, charlas y conferencias, a difundir lo que sucedía en su país y a trabajar por la paz. Es la autora de Before the Palm Could Bloom: Poems of Africa, 1998, -que relata sus experiencias durante la guerra civil- y Becoming Ebony, 2002. Su poesía narra la historia de aquellos que no pueden hacerlo y lo hace utilizando un lenguaje cotidiano. “… Mi poesía ha sido forjada por mis propias experiencias de vida: las dificultades usuales de todo niño en el África y posteriormente el horror de la guerra civil. Mi intención es dejarle al mundo mi testimonio del sufrimiento del pueblo liberiano, particularmente el de las mujeres y niños que fueron brutalizados en el transcurso de la guerra. Intercalados entre estos poemas están aquellos en los que narro mi infancia, una etapa feliz de mi vida, previa a la guerra civil, y los textos de mi experiencia como madre y esposa y de la crianza de mis hijos en el exilio alejados de su cultura y parientes. En mi poesía indago en mi propia circunstancia de poeta que hace quince años vive en el exilio y de lo que significa vivir alejada de mi cultura y país y del temor de su pérdida. Yo amo a mi país y por lo tanto me propongo narrar la historia del sufrimiento de mi pueblo. Creo que el mundo debiera detenerse hasta tanto pongamos fin a las injusticias, la guerra y los genocidios. Las imágenes que utilizo en mi trabajo provienen de mi cultura oral africana. Y, como poeta, busco el detalle vívido para que todos aquellos que me lean o escuchen puedan conectarse con aquello que deseo narrar. Creo que un poeta es un testigo de lo que sucede en nuestro planeta y su deber es dejar testimonio de ello…”




Fuentes de Documentación

5 comentarios:

Unknown dijo...

Wow! Great poem. Powerful. Authentic. Believable. That's what Africa needs, a voice like that.

Bob Gurney

Londres
bob@verpress.com

Unknown dijo...

Powerful. Africa needs voices like this.
Robert Gurney
London
verpress.com

María Germaná dijo...

En internet he leído a Patricia Jabbeh Wesley. Nos trasmite emoción. Las guerras son terribles: la destrucción, la pobreza, sentimientos de dolor, rabia, la perdida de los seres queridos.
Un abrazo,

María

Ana Muela Sopeña dijo...

Thanks, Bob, for your words.

Ana

Ana Muela Sopeña dijo...

Gracias, María. Así es. Las guerras sólo traen muerte y destrucción. Los seres humanos aún no hemos aprendido a vivir en paz.

Un abrazo
Ana