viernes, 2 de agosto de 2013

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La gata me habla como un bebé.
Y me lame las manos
como un perro.
Y monta guardia mientras duermo
como un planeta.
Cuando escribo
se acomoda sobre los papeles.
Y me mira.
Sólo para que sepa
que ella está.

El peor momento es la mañana.
Ella lo sabe.
Cuando sé que no puedo dormir
más.
Y confirmo que estoy mejor así
sola y despierta
pero recuerdo vagamente
las trazas de algún hombre
y me entristezco.

Pienso
si el amor apagado puede
servir para algo.
Si es como una ceniza
para mezclar con arcilla
o con agua
o con savia
y hacer una cataplasma
un ungüento
un bálsamo.

¿De qué puede servir
todo el amor apagado?
Lo pongo fuera de mí.
Pienso en alguna cosa
que con el paso del tiempo
consiga cada vez
una hoja más tibia
más azul
más lenta para surgir
más rápida de aplacar.
Una hoja
donde se haya escrito
la idea del amor
alguna vez.
Una idea
tal vez como una pera.
La pera guarda
la forma del amor.
Cuando se pone azul
ya no parece una pera.
Pero quizás
con el tiempo
uno se acostumbre.

De todas formas
me entristece
el papel, las cenizas,
las peras, el azul,
la idea, la costumbre.
Mi gata se da cuenta.
Me lame los dedos.
Me llama como un niño.
Me mira.
Sólo para que sepa.



Carina Sedevich- Argentina
Del poemario "Incombustible"


Fuentes de Documentación


6 comentarios:

fus dijo...

Todo un poema creativo y lleno de ternura.

un abrazo

fus

Ana Muela Sopeña dijo...

Carina, me encanta tu poema. Destila muchísimo sentimiento. A veces los gatos nos dan lo que los seres humanos "no pueden".

Te felicito por tanta belleza y ternura.
Un beso
Ana

Ana Muela Sopeña dijo...

Es un poema muy hermoso, Fus, gracias por venir.

Un abrazo
Ana

Carina Sedevich dijo...

es hermoso estar acá, Ana, en tu mundo... gracias y besos!

Ana Muela Sopeña dijo...

Siempre es un placer recibirte en este espacio de Poesía de mujeres, Carina.

Besos
Ana

Maria Germaná Matta dijo...

Ana,
El rastro del desamor nos llena de nostalgia, la figura del gato como compañía y consuelo.
Un abrazo