viernes, 19 de abril de 2013

DEL VERANO DE DIOS



DEL VERANO DE DIOS

1


El amor es redondo, tiene forma de aro:
por eso los novios se regalan anillos.
Y ponerse el anillo es penetrarse un poco.

Cuando a los 18 años me casé
la mañana de un viernes 25 de enero
embarazada de seis meses
yo llevaba un anillo y él también.

*

Eran anillos de oro.

Mi mamá fundió mi pulsera de bautismo
para hacerlos. Lloré toda la mañana
y fue eso.

Con la pulsera de oro fundió mi tiempo de nena.
Le puso una lápida a mi candidez,
me entregó. Para ella
ya no era su chiquita.

La pulsera de oro que me dio mi madrina
hecha agua de lava
lavó mi pecado.

*

Mi primer marido y padre de mi hijo
perdió su anillo de oro esa semana
en una pelea callejera.

Era un huérfano de apenas veinte años
muerto de miedo
que no sabía mentir.




2


El amor es redondo, tiene forma de útero.
Por eso los hombres nos regalan anillos.

El anillo se puede erigir en una prenda
del sexo por amor
y desamor.

La madrugada del martes 25 de enero
del verano de dios del año dos mil once
encontré un anillo igual al mío
en aquel puestito de artesanos.

Era enorme y le quedaba exacto
en el dedo anular de la siniestra
a mi segundo marido
y casi padre
de los dos hijos que perdimos.

En su mano de gringo
se veía bonito.

Le pregunté si lo usaría y asintió.

Lo mirábamos y estábamos seguros:
de ese año lo nuestro no pasaba.

Los sauces que caían sobre el río.
Los insectos. Los chicos que corrían.
¿Las estrellas? ¿El viento?
No lo sé. De todas formas
yo le tomé la mano
y lo besé. 

Caminamos por la tierra
hasta la casa.



3


El amor es redondo, tiene forma de ojo.
Las mujeres nos ponemos anillos para vernos.
O para dejarnos ver por dentro.

Mi tercer marido suele apresurarse.
Me abrazó bajo los pinos de la casa vieja
en vísperas del pasado 25 de enero.

Dice creer en la inocencia de los signos
pero en verdad cree en los golpes secos.

Quiso tirar al río nuestro anillo.
Dice que no lo honro de verdad.
Que no creo en él ni en sus diamantes.

Pero el amor es redondo.

*

Ponerse un anillo es penetrarse un poco.
El anillo se puede erigir en una prenda
del sexo por amor
y desamor.
Las mujeres nos ponemos anillos para vernos.
O para dejarnos ver por dentro.

*

Crujían las agujas de los pinos.
El pasto crecía. Los gatos esperaban.
¿El sol caía? ¿El calor
insoportable?
No lo sé.

Es que el amor es un aro,
es un útero y un ojo.


Carina Sedevich- Argentina
Del poemario "Incombustible" 2013


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 Carina Sedevich nació en 1972 en Argentina, en la ciudad de Santa Fe y reside en Villa María, Córdoba. Ha publicado en 1998 la plaqueta "Una nube decapitada y grave" (Plaquetas Del Herrero, Editorial Radamanto, Villa María) y el libro "La violencia de los nombres" (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe). En 2000 publicó los libros "Nosotros No" y "Cosas dentro de otra cosa" (Ediciones Lítote, Santa Fe) y en 2012 el libro "Como segando un cariño oscuro" (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba), también editado en España y en Chile. Recientemente apareció su quinto libro, "Incombustible" (Alción Editora, Córdoba). Parte de su obra ha sido incluida en diversas antologías del país. Es docente universitaria en comunicación y semiótica.


Fuentes de Documentación

4 comentarios:

Beatriz Estrada dijo...

¡Pero qué poema tan interesante! saludos, Ana ; )

Miriam Tessore dijo...

no dejo de sorprenderme con la poesía de Carina. Es tan profundamente cotidiana y cotidianamente profunda que me llega siempre al corazón.
Yo estoy encantada.

Ana Muela Sopeña dijo...

Ciertamente, Beatriz, es un poema muy interesante.

Besos
Ana

Ana Muela Sopeña dijo...

Es un poema impactante, Miriam. Resulta muy profundo y al mismo tiempo, como bien dices, un poema muy cotidiano. Aúna lo reflexivo con lo cotidiano de un modo asombroso. Seguramente por eso llega tanto.

Un fuerte abrazo
Ana