sábado, 17 de mayo de 2014

TRES DISONETOS SOBRE LA CAÍDA DE LA BOLSA


TRES DISONETOS SOBRE LA CAÍDA DE LA BOLSA

I

Aún te atraen las quincallerías chinas,
incluso tóxicas, las baratijas de cristal
o porcelana, los cachivaches y los zapatos de moda.
Eres una alegre consumidora y compras diez mil
euros de acciones precisamente cuando las bolsas caen
y suben y vuelven a caer cada vez más estrepitosamente.
Sería como ir a las rebajas
y no comprar ni siquiera un abriguito
me has dicho, como una confiada en el futuro
de las derechas mundiales como una que sabe siempre
sus cosas respecto al impávido incremento de
su capital. Afilo las tijeritas de podar y el cuchillín
doliente, pero consciente de que un hilo interdental
me sería en ese momento menos inútil.


II

Nunca hubiera creído poder ver el fin
del capitalismo, dice Bruno susurrando circunspecto
con una sonrisa –que nos debemos– púdicos en el recuerdo
de una amistad adolescente. Pero ¡qué final
del capitalismo! Yo veo más bien la permanencia
de los habituales brutos, arrogancia ignorancia muy desestabilizante
del poder, gomorra como antes, más
que antes, y nadie (yo incluida) que tenga durante más
de un segundo a continuación un poco de vergüenza.
Cuando de jóvenes Bruno y yo
hacíamos de anárquicos ugofoscolos
Silvio desde hacía tiempo hacía de berluscones.
El dinero no tiene importancia alguna, lo ha dicho el papa:
cae y se levanta y vuelve a caer como un jesús durante el via crucis.


III

Pero sin que nos espere la salvación, ni nos importe.
Esos con los maletines ante los ojos muy a menudo
son sexy. Pero debe ser sólo una leve hinchazón
de piel gruesa y recibidos con una sonrisa
franca y directa. Nada que ver con las bolas
de líquido negruzco o violáceo que empuja bajopiel
en la delgada zona baja peri-ocular de los viejos o
bien de esa bella joven que ha recibido directo al
ojo el móvil del novio bromeando sí pero
inyectado en sangre el ojo involuntariamente
no resiste el rebosante odio cruel. Compasión por los broker
por los dependientes por los promotores o quién-coño-son
que gritan en la bolsa no siento desgraciadamente,
o por suerte, y no me importa nuestra salvación.


Rosaria Lo Russo- Italia
Traducción: Beatriz Castellary y Maria Grazia Calandrone

*****

TRE DOSSONETI SUL CROLLO DELLA BORSA


I

Ancora ti attirano le chincagliate cinesi,
ancorché tossiche, le cianfrusaglie di vetro
o porcellana, il ciarpame e le scarpe alla moda.
Sei un’allegra consumista e compri diecimila
euro di azioni proprio nel mentre che le borse cadono
e si alzano e ricadono sempre più fragorosamente.
Sarebbe come andare alle svendite
e non comprare neppure un cappottino
mi hai detto, come una fiduciosa nel futuro
delle destre mondiali come una che sa sempre
il fatto suo quanto all’impavido incremento del
proprio capitale. Affilo le cesoiuzze e il coltellin
dolente, ma consapevole che un filo interdentale
mi sarebbe al momento meno inutile.


II

Non avrei mai creduto di vedere la fine
del capitalismo, dice Bruno bisbigliando circospetto
di un sorriso –che ci dobbiamo– pudichi nel ricordo
di un’amicizia adolescenziale. Macché fine
del capitalismo! Io vedo piuttosto la permanenza
dei soliti bruti, arroganza ignoranza ben dissestante
il potere, gomorra come prima, più
di prima, e nessuno (io compresa) che provi per più
di un secondo di seguito un po’ di vergogna.
Quando da ragazzini Bruno ed io
facevamo gli anarchici ugofoscoli
Silvio da un pezzo faceva i berlusconi.
I soldi non contano nulla, l’ha detto il papa:
cade e si rialza e ricade come un gesù durante la via crucis.


III

Ma senza che ci si aspetti la salvezza, né ci prema.
Quelli con le borse sotto gli occhi molto spesso
sono sexy. Ma deve essere solo un leggero rigonfiamento
di pelle spessa e accolte da un sorriso
franco e diretto. Nulla a che vedere con le bolle
di liquido nerastro o violaceo che premono sottopelle
nella sottile zona bassa perioculare dei vecchi oppure
di quella bella ragazza che ha preso dritto in un
occhio il cellulare del fidanzato per scherzo sì ma
iniettato di sangue l’occhio involontariamente non
resiste allo sprizzare odio ferino. Pietà per i broker
per i commessi per i promoter o chicazzosono
che strillano a piazza affari non ne sento purtroppo,
o per fortuna, e non mi preme la nostra salvezza.


Rosaria Lo Russo- Italia


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Rosaria Lo Russo
Dos son los rostros –las máscaras– con las que hasta ahora se nos ha presentado esta que, entre nuestras autoras, es con mucho la más “teatral”. En una primera fase, culminada con el espectacular tour de force representado por la Sequenza orante contenida en la recopilación de 1998, Comedia (que contenía una presentación, adrede, de lo más “oral” –así como lo más “teatral”– de nuestros venerados maestros, Elio Pagliarani), una poética del Estro (este es el título del debut de la autora, de poco más de veinte años, que se remonta al año 87): desorden y desenfreno de todos los posibles recursos miméticos de un temperamento desencadenadamente manierista. En un segundo momento, precipitado en la recopilación Lo dittatore amore de 2004, esta misma poética del cuerpo y de la voz se aplicaba –no sin alguna sospecha de voluntarismo– a una furiosa polémica engagé, atribuible a la tradición del feminismo anglosajón (Lo Russo ha traducido no por casualidad a una autora como Anne Sexton). El “tercer” tiempo de Rosaria, entregado a la recopilación de inminente publicación Crolli (controlli), desde el título “binario” presenta una voz compacta, aglomerada, de repente mineralizada: que no renuncia a hacer mención de los desequilibrios más evidentes de un tiempo completamente fuera de orden como el nuestro (la “caída de la bolsa”, los “niños muertos […] en el mar de Lampedusa”); pero que muestra además cómo se ha dejado atrás resueltamente el tiempo del Estro. Ahora, al contrario, ha llegado para ella el tiempo de concentración, de severo recogimiento, hasta –casi– de austeridad. Para parafrasear al movimiento shakesperiano que eligió Cesare Pavese, Ripeness is all.


2 comentarios:

Australia Elisa Lattke V. dijo...

El estro en rebeldía dice cosas ciertas aunque se líe con el surrealismo en ocasiones. Totalmente de acuerdo con todo el argumento del texto.

Ana Muela Sopeña dijo...

Gracias, Elisa:

Es una alegría verte por aquí...

Un beso
Ana