sábado, 25 de febrero de 2012

TÉ DE MANZANILLA

TÉ DE MANZANILLA

Afuera el cielo está encendido de estrellas
Un hueco bramido llega del mar
¡Y qué pena las pequeñas flores del almendro!
El viento estremece el almendro.

Nunca imaginé un año atrás
En aquella horrible casucha en la ladera
Que Bogey y yo estaríamos sentados así
Tomando una taza de té de manzanilla.

Leves como plumas vuelan las brujas
El cuerno de la luna es fácil de ver
Sobre una luciérnaga debajo de un junquillo
Un duende tuesta una abeja.

Podríamos tener cinco o cincuenta años
¡Estamos tan cómodos, juiciosos, cercanos!
Bajo la mesa de la cocina
La rodilla de Jack oprime la mía.

Pero los postigos están cerrados el fuego está bajo
Gotea la canilla con suavidad
Las sombras de la olla en la pared
Son negras y redondas y fáciles de ver.


Katherine Mansfield- Nueva Zelanda


*****

CAMOMILE TEA

Outside the sky is light with stars;
There's a hollow roaring from the sea.
And, alas! for the little almond flowers,
The wind is shaking the almond tree.
How little I thought, a year ago,
In the horrible cottage upon the Lee
That he and I should be sitting so
And sipping a cup of camomile tea.

Light as feathers the witches fly,
The horn of the moon is plain to see;
By a firefly under a jonquil flower
A goblin toasts a bumble-bee.

We might be fifty, we might be five,
So snug, so compact, so wise are we!
Under the kitchen-table leg
My knee is pressing against his knee.

Our shutters are shut, the fire is low,
The tap is dripping peacefully;
The saucepan shadows on the wall
Are black and round and plain to see.


Katherine Mansfield- Nueva Zelanda


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KATHERINE MANSFIELD:
Kathleen Beauchamp; Wellington, 1888 - Fontainebleau, 1923) Narradora neozelandesa que cultivó la novela corta y el cuento breve, convirtiéndose en una de las autoras más representativas del género. A pesar de pertenecer cronológicamente al grupo constituido por J. Joyce, D. H. Lawrence, E. M. Foster y V. Woolf, quienes liquidaron el conformismo victoriano sobre las pautas trazadas por el Lord Jim de J. Conrad, Mansfield representa un caso aparte en la literatura anglosajona de la época, pues como el ruso A. Chéjov supo captar la sutileza del comportamiento humano.

Pasó la mayor parte de su infancia en Yarori, pequeña ciudad situada no lejos de Wellington, y a los catorce años fue enviada a Inglaterra, donde frecuentó el Queen's College de Londres. Luego volvió, en 1906, a Nueva Zelanda. Ya cuando niña empezó a manifestar un talento vivo y la conciencia de una libertad moral que habían de imprimir en su obra narrativa el sello de una profunda originalidad.

Después de haber permanecido en el hogar durante dos años, obtuvo de su padre una modesta asignación que le permitió residir de nuevo en Londres, siquiera pobremente. En 1909 contrajo matrimonio con George Bowden, de quien muy pronto se divorciaría, y dos años más tarde publicó su primer libro de narraciones, In a German Pension (1911), revelador de una personalidad compleja y de difícil definición, así como de un estilo original en el que se advierten acusadas influencias de Chejov.

Las sucesivas colecciones de cuentos, Felicidad (1921), Garden-Party (1922), La casa de muñecas (1922) y El nido de palomas y otros cuentos (1923), la impusieron rápidamente a la atención de la crítica y del público como uno de los mayores talentos narrativos de la época. En 1918 se unió al célebre crítico inglés John Middleton Murry, que escribiría una de sus más cariñosas biografías (1949); sin embargo, este vínculo resultó asimismo tempestuoso, y conoció frecuentes y prolongadas separaciones.

Junto a John permaneció Mansfield hasta el final en Francia, donde su nombre llegó pronto a ser famoso en los círculos literarios, sobre todo por su amistad con F. Careo; y bajo el sol meridional buscó remedio a la tuberculosis, que, no obstante, a los treinta y cinco años, en el apogeo de la madurez artística, truncaría su existencia.

Se ha dicho que, como ocurrió con Keats, la sutil dolencia puede considerarse una de las razones de su particular visión del mundo, dominada por una sensibilidad finísima que la inclina a entregarse con todas sus fuerzas al instante presente, que la escritora analiza con una vigilancia y una seguridad extremadas. Ello dio a su Diario (1933) y a sus cartas (The Letters of K. M., 1934), textos publicados póstumos, y también a su poesía y a su obra narrativa, el carácter singular fruto de una compleja e interesantísima personalidad de mujer y escritora.



Fuentes de Documentación

2 comentarios:

Verónica C. dijo...

Es un poema que hace de lo cotidiano una evocación poética llena de metáforas e imágenes hermosas.
Me parece muy imaginativo y bello.

Besos

Ana Muela Sopeña dijo...

Gracias, Verónica. Sí, es un poema muy bello, suave, sugerente.

Un abrazo grande
Ana